El profesor como: transmisor, guía, animador, supervisor o investigador educativo.
Al profesor se le ha asignado diversos roles, desde diversas perspectivas pedagógicas: el de transmisor de conocimientos, el de animador, el de supervisor, el de guía del proceso de aprendizaje e incluso el de investigador educativo.
Pero, la función del docente no puede reducirse ni a la de un simple transmisor de conocimiento, ni a la de un facilitador del aprendizaje que encamina todos sus esfuerzos a facilitar un ambiente educativo tan enriquecido, que solo debe limitarse a esperar que los estudiantes por sí solos se desarrollen conocimientos mediante actividades autoestructurantes o constructivas, que harían innecesaria su intervención en el proceso. En este sentido, es importante el papel del docente como un organizador y mediador del encuentro del estudiante con el conocimiento.
¿El profesor debe conocer los estudiantes?
El papel del docente no sólo es proporcionar información, sino promover el desarrollo de las capacidades necesarias para “aprender a prender”, y para ello el docente debe tener un buen conocimiento de sus estudiantes: cuáles son sus ideas y conocimientos previos, qué son capaces de aprender en un momento determinado, sus estilos de aprendizaje, los motivos intrínsecos y extrínsecos que los animan o desalientan, sus hábitos de trabajo, las actitudes y valores que manifiestan al enfrentar una actividad de aprendizaje, entre otras. La calidad de la práctica docente recoge la capacidad para promover, establecer y fortalecer las interelaciones con el estudiante, de los estudiantes entre sí, de estos con las diversas estrategias que les permiten desarrollar conocimientos y de los estudiantes con los contenidos.
La organización y mediación docente requiere estar en “estado de alerta” permanente para establecer cantidad, calidad y el ajuste de la intervención pedagógica que un grupo o un estudiante requiere en un momento determinado. Así por ejemplo, en ocasiones será necesario promover estrategias cognitivas o psico-motrices para el procesamiento la información, en otros se intervendrá en la esfera motivacional y afectiva, o será necesario le desarrollo de capacidades para analizar y resolver problemas.
Hay que tener en cuenta que no se puede proporcionar el mismo tipo de ayuda ni intervenir de manera homogénea e idéntica con todos los alumnos pues cada uno de ellos tiene un contexto ya vivido, y esto debe ser analizado cuidadosamente puesto que una misma intervención del profesor puede servir de ayuda ajustada en unos casos y en otros no.
Se debe dar oportunidad a los alumnos de explorar y también de conocer experiencias exitosas.
Sus estudiantes deben tener la máxima libertad para desarrollar sus propias ideas, ayudándoles a desarrollar y explorar cualquier punto de vista que, en su opinión, conduce a un resultado satisfactorio.
Pero también deben conocer como se aplica en la vida real, si ha funcionado o no y si es necesario proporcionarles experiencias educativas estructuradas que les aporten seguridad y hagan posible alcanzar los objetivos de aprendizaje previstos.
El docente ha de saber básicamente cuándo aportar información (internet) y cómo hacerlo.
Debe saber seleccionar y proporcionar los contenidos en el momento oportuno, especialmente el contenido del internet debe ser obligatoriamente guiado por el profesor recomendando unas páginas básicas que puedan ajustarse a su planificación, sin violentar en exceso el curso natural del interés de cada alumno y ha de saber, además, graduar el nivel de complejidad al que presenta los contenidos (con más o menos detalle, con más o menos elementos, más abstractos o más tangibles,…) y el nivel de los resultados que exigirá (cantidad y calidad de la información, rigor, etc.).
¿Cómo resolver las inquietudes de los aprendices?
A lo largo del proceso de resolución de un problema se producen a menudo situaciones de incertidumbre para el alumno (¿qué hacer ahora?, ¿dónde encontrar?,…). La función del docente en dichas situaciones no consiste en resolver todos los problemas del alumno, pero tampoco inhibirse. Ha de guiar su razonamiento, ayudándole a formularse preguntas metódicas cuya respuesta podría conducirle a una probable solución de la situación, o a tomar una decisión acertada.
¿Qué hacer cuando un estudiante pregunta algo que el docente no sabe?
Estas situaciones difíciles y delicadas para el docente, cuando el desarrollo de un proyecto, por ejemplo, conduce al límite de sus conocimientos o de las destrezas que dispone. La búsqueda de proyectos o actividades interesantes puede crear en el docente una cierta ansiedad, una sensación de inseguridad respecto a sus propias capacidades, inseguridad derivada de un proyecto cuyo desarrollo escapa a su control. El docente sabe que no posee todos los conocimientos del mundo y que pueden crearse situaciones en las que, ante la pregunta de un alumno, debe responder “no lo sé” o “ahora no tengo información, en la próxima sesión tendré respuesta” y lo más importante cumplirle al estudiante.
En resumen, el docente no es un mero transmisor. Su papel es el de un conductor del razonamiento, un guía que orienta al alumno a moverse en un mundo inundado de información, a buscar y utilizar datos necesarios y a definir los criterios idóneos para tomar una decisión.
Siempre se debe preparar por lo menos tres formas de abordar la clase, conducirla participativamente y evaluarla las distintas experiencias.
Durante el desarrollo de una clase, un docente deberá realizar intervenciones previstas de antemano e intervenciones no programadas, exigidas por la dinámica de la actividad que se realiza en el aula: dudas de los alumnos, imprevistos técnicos, etc. Las intervenciones no programadas suelen producirse a nivel individual o en pequeño grupo, para corregir disfunciones, plantear o resolver dudas, o aportar información que sólo interesa a unos pocos.
El docente debe valorar sobre la marcha si una información reclamada por un alumno o un equipo de trabajo es de interés general y, en ese caso, difundirla. Para tener criterios para tomar esta decisión ha de participar unas veces como observador y otras de forma activa, en las discusiones que se producen en los distintos equipos, proporcionando la ayuda que estime conveniente.
Para hallar el equilibrio entre las intervenciones programadas y la atención individualizada debe desarrollar la destreza de organizar y gestionar el uso del tiempo: una cantidad de tiempo para explicar o impartir instrucciones de trabajo a todos, un horario de consulta de dudas, un tiempo de supervisar el trabajo de los equipos, participar en sus discusiones o darles instrucciones específicas y un tiempo para resumir y evaluar experiencias.



